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Antes de
que saliera un Ringo, un Rintintín por televisión ya en Puerto Rico
habían perros héroes.
Sí, el
perro de mi tío Gelo, Leal. Leal era un sato puro muy obediente, perro
de mandados y vigilancias.

Mi tío
Gelo le amarraba una notita en el pescuezo, le daba una palmada y lo
mandaba a la tienda. Al rato regresaba con un paquetito de
caramelos
amarrados al cuello.

Su
fidelidad para con su amo Gelo era tan grande que un día le llevó a
dormir para siempre. Mi tío Gelo podía dejar en cualquier lugar de la
finca un saco y su perro Leal se quedaba fielmente día tras día hasta
que Gelo volviera. Cuenta mi tío de pasar tres días en vigilancias sin
comer.

Estas
hazañas no eran para menos. De Leal se cuenta esta historia verídica
por mi abuela Ramira.

Un día
mi abuela tenía un perrito, un gato, un gallo y un lechón.

Le
vinieron a buscar que su hija, estaba por dar a luz y necesitaba ayuda.
Abuela cerró la casa y partió por caminos enfangados a una hora de viaje
a pie. Abuela llegó a su destino a las 11:00 de la mañana. Estoy
hablando de los caminos de antes, los cuales eran transitados por
muchísima gente, mi abuela estaba tendiendo ropa cuando de momento a eso
de las tres de la tarde, aparecieron el perro Leal al frente, el lechón,
el gato y el gallo en ese orden.

De quién fue la idea no se sabe, pero
caminar esa distancia, esos cuatro animales por esos caminos sólo puede
surgir de un amigo fiel, Leal. Leal murió arrimado en una peña al
perseguir a un gato quien entró por unas grietas grandes para el gato,
pero pequeñas para él.

Todo porque el gato se comió los pollos del
tío.

Fiel Amigo |